Inteligencia Artificial: ¿cuál es el límite en peluquería?

En los últimos meses habido cierta polémica en cuanto al uso de inteligencia artificial para realizar colecciones creativas, o con respecto a la presentación o aceptación de estos editoriales en competiciones del sector. Sin embargo, pasado el tiempo, y apagado el fuego, lo que queda es un debate razonable y, sobre todo, una tecnología fascinante para los creadores.

La inteligencia artificial está en boca de todos, todos los días. Puesto que sus tentáculos rozan a todos los sectores, directa o tangencialmente, y que su uso ofrece tantas posibilidades como incógnitas plantea su alcance, es un tema, por ahora, inagotable. Los algoritmos y procesadores de datos favorecen la personalización, optimizan los procesos (más precisos, más rápidos, más eficaces)… Nadie discute sus ventajas para la administración, la fabricación, la logística, la ingeniería o la medicina. Sin embargo, creíamos que el “gusto”, la mirada estética y la creatividad, ese “toque humano” y personal, siempre marcaría las distancias con la creación artificial en el terreno artístico. Pero nos equivocábamos. Las “máquinas” aprenden rápido, y hacen cosas bonitas.

Más allá del miedo a un futuro incierto (“¡Nos van a quitar el trabajo!) se abren debates interesantes (en general y, concretamente, en el sector de la peluquería) y necesarios sobre los límites de la creación con inteligencias artificiales, y surgen también polémicas lógicas ante la falta de estos límites y de consenso a la hora de aplicarlos.

Por ejemplo, ¿es lícito igualar una colección de peluquería generada con inteligencia artificial a una creada artesanalmente a la hora de presentarse a un concurso? ¿Es ético utilizar estas imágenes para promocionar el trabajo de un peluquero? Por otro lado, otros se preguntarán: ¿se deben poner límites a la creatividad? ¿Qué consideramos “real” o artesanal en peluquería, teniendo en cuenta el uso (y abuso, a veces) de herramientas de retoque, por ejemplo?

La Inteligencia Artificial no es magia

Posicionados totalmente y siempre a favor en este debate están los peluqueros que ya se han lanzado a hacer uso de la inteligencia artificial para elaborar sus colecciones. Y la clave de su postura exige, primero, conocer el proceso de confección de estos editoriales. “Yo empecé a entrenar con inteligencia artificial de forma arcaica para obtener inspiración para las colecciones que quería preparar”, nos explica Alfredo Valero, fundador de Blades Hair Studio, en Madrid.

“Una vez que tuve claro el mensaje que quería lanzar y lo que quería mostrar, empiezo a trabajar las pelucas de la colección, unas 20 en total (una locura que no habría sido posible jamás sobre pelo natural y modelos reales)”. Este proceso, indica Valero, entrena a la “máquina” para obtener cada vez mejores resultados, más realizables y realistas “y, sobre todo, más tuyos, y menos de la máquina”. Es el momento, como suele decirse, de “pedirle a la IA” que genere las imágenes, pero como dice Valero, “no nacen del aire, ni de ceros y unos”, sino que parten del análisis y procesamiento de los trabajos reales del peluquero.

Inteligencia artificial
Colección Mist_ Alfredo Valero

David Arnal, fotógrafo profesional, retocador, y encargado de los últimos –y fundamentales– pasos para llevar a
cabo Mist, la colección de Valero (es decir, traducir todas estas ideas, fotografías y looks a un lenguaje interpretable por los algoritmos y procesadores de datos) nos da algunas pistas más sobre el proceso, y arroja más luz sobre por qué la figura del peluquero es indispensable en él.

“La inteligencia artificial es una herramienta más de inspiración y ejecución, pero por sí sola es muy difícil que pueda generar una misma colección. La IA trabaja con el azar, y generar una colección con la misma luz, makeup, tipo de estilismo y encuadre es casi imposible. ¡Intenta jugar con ella y sacar 4 imágenes que funcionen igual que las colecciones pasadas de peluquería! Otra cosa importante es la resolución y profundidad de bits que actualmente tiene una imagen de inteligencia artificial. Hoy por hoy, para redes funciona bastante bien, pero… ¿Habéis intentado imprimirla?”, plantea.

Un juego para todos

Arnal también figura en los créditos de la colección BCRST de Rut Navarro, peluquera con salón propio en Albacete, que también se dio prisa para ser una de las primeras estilistas españolas en implementar estos avances. “Me interesaba probarlo, ver qué me podía ofrecer, no quedarme atrás. Los beneficios son muchos: cuando visualizaba esta colección la imaginaba con un vestuario inalcanzable a nivel económico y con unos escenarios que hubieran supuesto un viaje, con la carga económica que ello conlleva. Así, ha quedado exactamente igual a cuando la diseñé”, explica. “Creas el cabello con tus manos, con una técnica que puedas llevar a cabo, y luego le pones todo el ‘atrezzo’ que quieras”, concluye.

Navarro ve esta tecnología como un avance más del que aprovecharse, una herramienta más con la que jugar y crear algo que, de otra manera, quizá, solo podría haber visto en su imaginación: “Ahora lo he conseguido, le he dado vida a mis princesas de cuento gótico”.

Las posibilidades de creación, físicas, pero también económicas, son una de las cuestiones a las que también alude Montse Morella, propietaria de Morella Hair Center, en el municipio barcelonés de Sant Celoni. “Podemos hace auténticas proezas con inteligencia artificial de la misma manera que podemos trabajar con pelucas, con Photoshop o con retoque, con muchas horas de retoque. Mucho tiempo y mucho dinero. No todo el mundo tiene 5000 euros para invertir en una colección, en cambio, por 1000 euros todo el mundo puede hacer una, y así la gente joven puede optar a las mismas opciones que a los que ya nos quedan diez o quince años para pasar el testigo”.

“¿Qué diferencia hay en utilizar bien la IA, creando tú el cabello, o en las doscientas capas
de Photoshop y retoque que vemos cada día?», plantea Montse Morella

Morella toca aquí otra de las aristas posibles en esta discusión, y es el empleo de otros recursos como el cabello artificial en la producción o las herramientas de retoque en la postproducción de un editorial.

“Si tú contratas a una supermodelo, su cabello no se toca, y tienes que crear a través de cabello artificial. Y, aunque contrates a alguien que se deje hacer corte y color (la locura que nosotros queramos) necesitarás herramientas tecnológicas para que la foto se presente como si fuera supertop. Todos hemos podido ver en muchas ocasiones la diferencia que existe en la foto finish y en pasarela (por eso se están pidiendo fotos en bruto en casi todos los certámenes). ¿Qué diferencia hay entre utilizar bien la inteligencia artificial, creando tú el cabello, o en las doscientas capas de Photoshop y retoque que vemos cada día?”.

Como fotógrafo, retocador, y denominador común entre los tres peluqueros anteriormente mencionados, nos interesaba la visión sobre este asunto de David Arnal. Cuando le preguntamos, concretamente, su opinión sobre el hecho de que algunos concursos y competiciones de peluquería hayan rechazado colecciones trabajadas con IA, su respuesta ha sido similar a la de Montse Morella.

Cada concurso es libre de poner las reglas que quiera, pero deberían evaluar más qué es real y qué no es real. Me explico: es legal comprar una peluca ya cortada y con color y ponerla en una modelo real, pero no es legal hacer el trabajo real en un cliente o en una peluca y que luego el creativo la inserte en una modelo digital”, indica, e incide de nuevo, como nos planteaban primero Morella, Navarro y Valero, en la dificultad que supone para muchos peluqueros disponer del presupuesto total para realizar una sesión. “Al final, hay que vender una imagen, un concepto, y no solo hacer fotos para presentarlos a un concurso”, opina.

El papel del concurso

Para la junta directiva del Club Fígaro, esta reflexión sobre el equilibrio entre lo real y la fantasía en el ámbito de la peluquería creativa es “apasionante”. En el contexto de las colecciones, nos dicen también, “es común recurrir al uso de pelucas debido a la notable dificultad que implica encontrar modelos dispuestos a llevar peinados con colores fantasía o cortes vanguardistas”. En este sentido, entienden las pelucas como “una solución para superar barreras creativas”.

No obstante, en cuanto al uso de Photoshop, y en el marco concreto de su certamen, opinan que se debería limitar su aplicación a correcciones mínimas de texturas y acabados, sin entrar a modificar colores o cortes. “Esto se relaciona directamente con la integridad y las buenas prácticas de cada profesional –continúan–. Cuando un profesional busca crear una colección inspiracional o representativa de su marca, surgen oportunidades ilimitadas, y es aquí donde la inteligencia artificial desempeñará un papel relevante. La transparencia y la comunicación efectiva son claves para asegurar que el espectador esté bien informado acerca de cuánto de la creación es una representación realista y cuánto proviene de la imaginación y la fantasía”.

Hay que dejar claro qué es realidad y qué es ficción, ser honesto con el espectador; y, en el contexto de los concursos y competiciones, atajar los problemas definiendo bien las normas de participación

Hay que dejar claro, por tanto, qué es realidad y qué es ficción, ser honesto con el espectador; y, en el contexto de los concursos y competiciones, atajar los problemas definiendo bien las normas de participación. En el caso de los Fígaro, “las bases establecen de manera inequívoca que los participantes deben presentar imágenes en modelos reales”.

Y, de momento, y aunque consideran la inteligencia artificial como una valiosa y prometedora herramienta de expresión para los creadores, no se plantean cambiar las reglas del concurso: “No debemos perder de vista que nuestro oficio es genuinamente artesanal, y nuestro papel como certamen de referencia en la industria de la peluquería creativa española consiste en preservar la importancia del peluquero artístico en nuestra profesión. Por lo tanto, el empleo de estas tecnologías se aleja de la dirección que perseguimos”, sentencian.

Como concursante habitual de este y muchos otros certámenes, el peluquero y propietario de SK Style Barcelona,
Alexander Kiryliuc
, opina que los concursos “deberían tener diferentes categorías para los trabajos reales y las imágenes creadas con inteligencia artificial”, explicando, como apoyábamos, muy claros los límites del uso.

En su caso, reconoce que en su equipo son apasionados del corte, el styling y el color sobre cabello real, pero tampoco son ajenos a la novedad e inspiración que suponen estas herramientas, por eso su colección Metaverso juega a dos bandas: está realizada con modelos reales, pero se encargó a una diseñadora gráfica, Elena Fomina, que crease un avatar para cada una de ellas. Kiryliuc nos recuerda, por cierto, que “existen concursos para los diseñadores gráficos de la imagen”.

Se refiere, por ejemplo, al concurso Style & Color Trophy de L’Oréal Professionnel, que el año pasado ha incorporado una categoría nueva para dar respuesta a estas inquietudes. “Entendemos que son los profesionales quienes deben de liderar la transformación disruptiva del cabello, y por este motivo, en esta nueva edición hemos decidido ir un paso más allá donde la inspiración coja dimensiones nunca antes vistas”, nos cuenta Rubén del Álamo, director de educación L’Oréal Professionnel España y Portugal.

Este profesional opina que la inteligencia artificial puede permitir al peluquero superar los límites del cabello: “romper barreras, optar a una expresión sin límites, conquistar nuevos territorios. Estimular la creatividad a través de looks que fácilmente pueden llegar a desafiar la gravedad. Nos permite dar forma al futuro, innovando para progresar”.

Después de oír todas estas opiniones, la sensación que nos queda es que, más allá de servir para reflexionar sobre algunas dicotomías y debates interesantes, hay bastante consenso en este tema. Teniendo claras las normas y valores… ¿Por qué no jugar?