Hablamos con Charles Greer, el hombre que trajo las barber battles a España

En sus respuestas se menciona a menudo la comunidad; y eso es lo que Charles Greer ha conseguido crear a su alrededor: una comunidad de barberos y apasionados de la cultura barber. Estos se dan cita en cada edición de la Golden Chair International, un evento de referencia en este sector, y pionero, al introducir en nuestro país las barber battles americanas; pero sus vínculos se crean, se extienden y se refuerzan tras cada batalla. Y es que la barbería, entendemos ahora, va de muchas cosas, y va mucho más allá del pelo.

Entrevista a Charles Greer

Pregunta- Charles, antes de preguntarte por Golden Chair International, háblanos de ti. ¿Cómo ha sido tu relación personal con la barbería?

Respuesta- Para empezar, mi relación con la barbería viene desde la infancia. En mi cultura, la afroamericana, tenemos mucha tradición de acudir a la barbería; este es un espacio para estar con otros hombres, hablar de política, de deporte, de la vida en general… Como decía un músico famoso: “En nuestra comunidad, la barbería es como el Twitter del barrio”. Es como una institución.

A los 13 años empecé a cortarme mi propio pelo, porque era una época en la que, con la influencia de la música, el hip hop, queríamos un estilo diferente, que nuestros padres no nos dejaban llevar o que en las peluquerías no hacían, así que nos lo hacíamos entre los amigos. Yo nunca he querido ser barbero, pero si quiero algo, lo hago, lo aprendo. Dejé de hacerlo cuando entré a la universidad; pero después, cuando vine a España, tuve que volver a cortármelo yo mismo hasta que encontré a un barbero que hiciera pelo afro.

P.- Y, si no eres barbero, ¿cómo acabas trabajando en este sector?

R.- Para eso tenemos que avanzar al 2014, cuando mi barbero en Barcelona me pide unos productos. En ese momento era profesor titular de inglés en la Universidad de San Juan de Dios, la universidad de Enfermería de Barcelona, y trabajaba en varias empresas más. Pero además había estado ayudando a hacer importación y exportación de productos desde EE. UU. para España. Empecé a buscar este producto, que era una gomina, y vi que ya estaba llegando a Madrid, así que hablé con la firma y me nombraron a mí responsable de venta en Cataluña.

A raíz de eso, empecé a patear Barcelona para vendérselo a las barberías, y vi que había una necesidad
de productos que usamos en las Américas para los clientes de Colombia, Venezuela, República Dominicana… Vi una necesidad, y empecé a ser distribuidor de productos de peluquería. El resto, como se suele decir, “es historia”.

P.- Y, ¿qué hay de las batallas, por qué decidiste empezar con este proyecto, también en 2014?

R.- Las batallas se estaban haciendo ya en EE. UU. Y, como yo ya trabajaba de representante de varias empresas de distribución, tanto aquí, en España, como allí, y acudía a tantas ferias, me daba la sensación de que el nivel en estos eventos no era tan espectacular; que había muchos más talentos en la calle. Quise crear una plataforma para dar más visibilidad a un sector que no estaba viendo nadie, y que no tenía otra manera de darse a conocer. Además, en la parte comercial, pensé que hacer estas batallas de barberos sería una buena oportunidad para promocionar los productos. Así es como empezó todo.

P.- Celebrasteis la primera edición en 2016 inspirados en esas barber battles americanas. ¿Qué tiene en común y qué hace diferente a Golden Chair de las competiciones americanas?

R.- Realmente son bastante similares. La gente que ha estado en ambas dice que son muy parecidas; de hecho, al
traer americanos aquí para ayudarme a organizar las batallas, anfitriones y jurados, me han ayudado a hacerlo un poco más o un poco menos americano, según nos interesase.

Yo siempre intento que sea una fiesta barbera, y que se adapte a donde esté. Este año, por ejemplo, creamos una
categoría ‘Retro Afro’ en Francia, porque hay mucho más pelo afro. En España creamos la categoría de Peine y Tijera para poder mezclar las dos culturas, tanto la americana como la europea, que tiene más tradición de corte con peine y tijera. Es muy moldeable.

P.- Y, ahora que ya lleváis 7 ediciones, ¿en qué puedes decir que ha cambiado o evolucionado Golden Chair?

R.- Ya son 8 desde nuestro último evento en Uzbekistán, en junio. ¿Qué ha cambiado? Ha cambiado todo. Primero, porque ha cambiado el formato. Para introducir más opciones y espacio para los patrocinadores, en lugar de hacer por un lado la batalla y por otro la formación, ahora se hace batalla-formación, batalla-formación. En cuanto al evento en sí, cada año cambia. Por ejemplo, las normas varían cada edición un poquito, evolucionando para resolver problemas que hayan ido surgiendo otros años, para incluir y cerrar puertas para según qué cosas, para que los participantes no hagan trampas, que sea más estricto… Además, en 2023 introdujimos un nuevo sistema automatizado de jurado, que creo que nadie lo tiene.

P.- ¿Cómo funcionan las batallas? ¿Quién gana y qué gana?

R.- Los concursantes se apuntan por la web o allí mismo, en el local, si cumplen las bases (las escribo cada año con mi equipo de jurado, y se publican y se envían a los barberos). Los barberos tienen que llegar una hora antes de que empiece el evento para la inscripción, y se les da un número de participación. El jurado y yo nos ponemos en el centro del local y vamos valorando a los barberos mientras hacen su trabajo dentro de un tiempo límite.

¿Qué ganan? Pues un trofeo que es muy emblemático; un sillón de barbero dorado. Lo hice pensado en el Grammy o el Óscar, y es muy significativo, porque no representa una tijera ni una máquina, es un sillón de verdad y a ellos les gusta mucho, es muy importante para ellos. Los patrocinadores también dan premio, repartimos merchandising, y un efectivo que suele ser de unos 500 euros por categoría, excepto la de estudiante, que es la mitad.

P.- ¿Qué papel tienen las mujeres en estas batallas?

R.- Mira, la barbería a la que yo iba de pequeño se llamaba Sisters, y se llamaba así porque eran dos hermanas quienes la llevaban. Hay que tener en cuenta que, en épocas de guerra, durante la Guerra de Vietnam y la II GM, había muchas barberas en EE.UU.; al igual que ellas ocuparon los puestos en las fábricas durante la guerra, también lo hicieron en las barberías. Yo siempre he tenido barberas, hasta la universidad que empecé a tener barberos. Por eso no veo sentido a hacer diferentes categorías de hombres y mujeres en las batallas. En 2018 fue una chica de Barcelona quien ganó la categoría de Fast Fade, que es una de las más fuertes.

Charles Greer
Charles Greer

P.- ¿Qué crees que se llevan los participantes, más allá del posible premio? ¿Qué crees que les aporta?

R.- Sobre todo, lo que les aporta y se llevan es la experiencia. La experiencia de superarse. La gente se pone muy nerviosa, sobre todo los estudiantes, pero también disfrutan. Es un arma de doble filo, porque solo hay un ganador, entonces surgen muchos sentimientos: algunos se enfadan… pero también aprenden. Incluso la gente que no participa viene a aprender las técnicas. Y los ganadores se llevan también el orgullo.

A muchos no les interesa el dinero, lo que quieren es el trofeo, porque lo ponen en su barbería y les da orgullo y caché, y también la oportunidad de subir los precios. Es una de las razones por las que lo hice, porque pensé: hay gente que está cobrando 7 euros por un corte cuando debería estar cobrando 30. Además, es un escaparate ante el mundo, porque es un torneo internacional, en 2020 teníamos gente de 11 países.

Mira, de hecho, fue con uno de los chicos que vino al último evento en España, de Siberia, con el que luego organizamos el evento de Uzbekistán. Es una oportunidad para que la gente viaje, para que conozca otros países y profesionales del mismo sector. Yo lo llamo el barber tourism.

P.- Vuestros eventos, además de la barbería en sí, destacan bastante por el ambiente: música, comida, cultura urbana… ¿no?

R.- Desde luego. Piénsalo así: la moda no es nada si no hay un buen corte de pelo o un buen maquillaje. Al revés es igual. Todo en la cultura urbana está relacionado; por ejemplo, la música juega un papel superimportante. Piensa que viene de culturas afroamericanas, latinoamericanas, que son culturas muy vivas. Como decía mi barbero, que es dominicano: “una barbería sin música es como un bar sin alcohol”. Es necesario.

También intento incluir siempre algo de moda (he tenido marcas de ropa patrocinando, de zapatillas…) porque es parte del círculo. Los barberos se llevan sus mejores galas al evento para ser los más guapos y los más visibles, y a mí me parece perfecto porque es parte de la cultura de la barbería y necesario para ellos.

P.- Creo que otra novedad este año es que os habéis hecho más internacionales. Ghana, Uzbekistán… ¿Qué diferencias o similitudes hay en la barbería en estos sitios?

R.- Muy buena pregunta. En Ghana hemos hecho tres eventos de formación, tanto en Accra como en Kumasi, y lo que más trabajo es el tema de la higiene y la sanidad. Allí no hay una cultura de peine-tijera como en Europa, porque hay mucho pelo afro, aunque suelen ser cabellos más cortos, así que hacen otro tipo de cortes, más degradados.

Como lo llevan muy corto y, además, en Ghana cortar el pelo es muy barato (te cuesta 1 o 2 euros), se cortan el pelo dos o tres veces a la semana, según su necesidad. Los barberos están en medio de la calle, te sientan en un cubo y te lo hacen ahí en cualquier momento. Son unos monstruos: hay algunos que no tienen ni máquina, y con una navaja se hacen todo el corte de pelo.

En Uzbekistán tienen un pelo muy recto, muy duro, pero allí se llevan muchos tipos de corte. Allí sí están muy interesados en el corte con peine y tijera y la cultura europea, les atrae mucho. En Uzbekistán un corte cuesta 6 o 7
euros, pero son bastante profesionales, no hay regularización como puede haber aquí, pero la gente va aprendiendo y haciendo cosas. En Francia, donde estoy ahora, la barbería es muy parecida a la de España, es un sistema europeo. Eso sí (y me lo han repetido estos días): España tiene la peluquería más avanzada de toda Europa. Pienso que quizá sea por la entrada de latinoamericanos.

P.- Por lo que hemos hablado contigo, siempre hay un punto de reivindicación, de concienciación o visibilización en las ediciones de Golden Chair. ¿Es así?

R.- Siempre hablamos de temas culturales, de servicio, de formas de tratar a las personas, porque en cada país es diferente. Lo que queremos es normalizar el “buen servicio”, que es tratar al cliente con respeto, y esto culturalmente cambia en cada sitio. También queremos dar a conocer que un corte de pelo afro necesita otro tipo de cuidado a uno europeo, y enseñar a diferenciarlos y a cómo tratar cada uno de ellos. Eso es importante para nosotros y también para el profesional.

Cuando me preguntan quiénes son los mejores peluqueros del mundo, siempre digo que los del norte de África y Latinoamérica, porque pueden tener desde un pelo superliso a uno superrizado, y todos los intermedios. Y tienen que saber cómo cuidarlos. Tienen tanta variedad que, para mí, les hace ser los mejores. Eso es lo que tratamos de explicar y hacer entender aquí en Europa.

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P.- ¿Puede la barbería ser un agente de cambio social?

R.- La barbería cambia muchas cosas, en muchos sentidos. En EE. UU. hay varias organizaciones que se dedican a dar formaciones a barberos para que ejerzan de agentes sociales para sus clientes. En la comunidad afroamericana hay tanto trauma que es muy común que el barbero sea tu psicólogo.

Como te decía antes, la barbería es un espacio de comunidad, es un espacio entre hombres que hablan de cualquier cosa, y veces estos hombres no tienen otro sitio donde hacerlo. Tengo muchas historias de barberos que han ayudado a sus clientes con temas de pareja, o incluso con temas de suicidio. Así que ahora se dan clases a los barberos para enseñarles a gestionar estos problemas y dirigir estas inquietudes de sus clientes.

Muchos de estos barberos, además, vienen de familias rotas, han pasado por la cárcel… Cuando cometes un delito en EE. UU. no te dejan acceder a ningún trabajo. Y muchos, dentro, aprenden a cortar el pelo, y cuando salen consiguen su licencia y pueden empezar a trabajar. O sea que la barbería es, en muchas ocasiones, una salida para muchos jóvenes sin recursos o personas con vidas muy difíciles.

P.- También por eso querías que uno de los pilares de Golden Chair fuera la acción social, la colaboración con proyectos solidarios. ¿Cuáles han sido los últimos?

R.- Además de los proyectos de formación en Ghana, trabajo siempre que puedo (normalmente, una vez al mes) con Tijeras Solidarias. Yo no soy barbero, pero después de la pandemia empecé a dar algunas clases, así que puedo participar en los actos que llevan a cabo en Cataluña, cortando el pelo. Además, mi próxima acción, con mi socio en Chicago, y para la que aún estoy buscando partners, es un proyecto en África: queremos crear una academia para niños huérfanos allí. Ese es nuestro objetivo a largo plazo.